¿Gritas de placer?

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Por si alguna vez te lo has preguntado: SI, gritar es sano. Nos permite dejarnos llevar, liberarnos, dar rienda suelta a nuestras emociones, nos permite disfrutar y nos permite atrevernos. Los gritos, o los gemidos, producen euforia, emoción y contagian de éxtasis. Los gemidos o los gritos además suelen ser contagiosos, cuando gemimos y nuestra pareja sexual nos sigue entramos en una especie de éxtasis, de melodía sexual, que además de sumergirnos en un ambiente totalmente hedonista llega a producir un incremento en como sentimos el placer, no físicamente sino mentalmente.

 

¿Todos gritamos igual?

 

Como siempre decimos, cada persona es un mundo. Es más, posiblemente una misma persona cambie su comportamiento en lo que a la demostración sonora del placer hace referencia, según aparecen o caen los tabús o prejuicios. Y hay grados de placer, claro. Pero sí que hay una serie de diferencias muy habituales entre géneros que conviene revisar.

 

Los gemidos y los ruidos sexuales no son exclusivos de un género, tanto hombres como mujeres, gritamos, suspiramos, emitimos sonidos guturales o simplemente gritamos. Pero gritamos en diferentes momentos de las relaciones. Mientras que las mujeres gritamos durante las relaciones por la estimulación de nuestro clítoris, los hombres gritan  principalmente al alcanzar el orgasmo. Está comprobado, por ejemplo, que durante el orgasmo femenino, nuestro cerebro se desconecta momentáneamente y es en ese momento cuando nuestros sonidos sexuales se vuelven totalmente espontáneos. En ambos casos los sonidos que emitimos son totalmente involuntarios, instintivos, desde un leve gemido hasta el grito más profundo son movimientos que nuestro cuerpo produce sin que nosotros seamos conscientes ni lo provoquemos en absoluto.

 

 

En general, las mujeres gemimos durante las relaciones por tres situaciones concretas: para dar ánimos a nuestra pareja, para emitir señales (del tipo “no pares” “esto me gusta”) y por puro placer. Está claro que escuchar a nuestras parejas emitir sonidos y gemidos nos produce excitación, no deja de ser la mejor manera de saber si vas por el buen camino: un poco de feedback. Y no somos el único primate que actúa así, los monos tienen comportamientos similares a los humanos en cuanto a las relaciones sexuales con sonidos.

 

¿Hay límite?

 

Pero ¿dónde está el límite? Pues como siempre te decimos, los límites los pones tú, o mejor en la pareja. Gemir, soplar, gritar lo hacemos todos, quizás el volumen o el timbre es más personal, nuestro consejo es, si acabas de conocer a alguien y sabes que gritas escandalosamente, avísale antes, lo más fácil es que le excites antes de empezar. Si después de acabar le molesta tu énfasis tu confianza inicial le dará pie a comentártelo.

 

También queda el tema de terceros… no en lo que se refiere a tríos, sino en lo que se refiere a vecinos, familia en general, compañeros o compañeras de piso, etc… En este caso nos remitimos a la legalidad vigente y a la relación que mantengas con quienes viven cerca de ti. Siempre es posible encontrar el punto medio entre el respeto, la discreción y la sana liberación de nuestros instintos.

 

 

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